Mi historia




Una frase que seguro que has oído muchas veces: Uno entre un millón.

Una estrella entre millones. Una gota de lluvia entre miles. Algo único, especial. Ese soy yo. Porque "uno entre un millón" es lo que escucharon mis padres cuando los médicos, en la semana 34 de embarazo, les informaron de que uno de mis fémures era más corto que el otro, diagnosticando una patología denominada fémur corto congénito.



¿No sabes en qué consiste? Te lo contaré de la manera menos científica que sé, que para todo lo demás ya están los médicos… Significa que en el momento en que nací, hace ya algo más de un mes, la diferencia entre mis fémures era de en torno a cinco centímetros. Cinco. ¡Qué importantes pueden llegar a ser las cifras…! y es que esta disparidad entre mis piernas, si no logro hacer los tratamientos adecuados, supondrá que se multiplique también por cinco en mi edad adulta, llegando a una diferencia de 25 centímetros.
No hace falta que te explique lo que esto puede suponer en mi vida, no sólo de mayor, sino en mi infancia y adolescencia.

Por cierto, no me he presentado. Mi nombre es Leo. Ni Leonardo, ni Leopoldo. Sólo Leo. Sonoro y rotundo. Y es que detrás de mi nombre hay mucho significado.

Leo significa León y mis padres lo eligieron al momento de saber que iba a ser un niño, mucho antes de que oyéramos hablar de una patología que desconocíamos por completo. Sin embargo, sin saberlo, mis padres ya me estaban dando a través de mi nombre toda la fuerza que iba a necesitar cuando saliera a pelear al mundo.

Y es que no podrían haber elegido mejor nombre, ya que tengo claro que seré un auténtico león, fuerte y con coraje, para luchar en esta selva de la vida. Un luchador, como mis padres, que desde el primer momento que supieron de mi patología se documentaron en profundidad, buscaron especialistas en todo el mundo, hicieron ruido, gritaron en silencio. Porque… ¿qué no haría un padre por su hijo? No hace falta que te lo explique ¿verdad?

Por eso sé que tengo que ser un luchador, por eso te estoy pidiendo ayuda para que pueda acceder a los tratamientos que me permitirán algo tan sencillo pero tan preciado como caminar como tú lo haces.



Aquí en España la solución que pueden ofrecerme es usar una protesis y después lagún tipo de amputación y ni siquiera así tendría garantizada una mediana calidad de vida porque lo primero que debe corregirse es mi cadera. Sin embargo, por fortuna, tengo más opciones. Sé que será un camino largo y doloroso, también tremendamente costoso económicamente, pero que me permitirá llegar a la meta. Sólo por eso merece la pena intentarlo. ¿Tú no lo harías?

Se empieza con una operación de cadera a los dos años y se continúa con otras de alargamiento a los cuatro, ocho y doce. Por eso te decía que se trata de una carrera de obstáculos. La primera operación, clave para el éxito de las siguientes, solo realizan dos cirujanos en el mundo, y fue creada por el doctor Dror Paley, director del Paley Institute de Florida. Mis padres le contactaron directamente al saber que era el mayor especialista de mi patología en el mundo, fíjate que una de las clasificaciones de grados de mi dolencia lleva hasta su nombre. Es el experto en mayúsculas.

A pesar de ser, como diríais los adultos, un gurú, una eminencia en la materia, accedió en sus vacaciones en Madrid a ver mi caso y confirmó que al final del proceso, cuando la pierna sea igual que larga de la otra, podría hacer una vida normal. Los médicos españoles del Hospital Niño Jesús, del Quiron Dexeus de Barcelona y muchos más nos han remitido a él directamente como única alternativa a la amputación que te contaba antes. También otros reconocidos especialistas internacionales como el americano Robert Rozbruch del Hospital for Special Surgery de New York, el italiano Maurizio Catagni del Hospital Alessandro Manzini de Lecco, el ruso Alexander Kirienko del Instituto Clinico Humanitas de Milan o el portugués Nuno Lopes de Hospital Garcia de Orta de Lisboa.

Por eso estoy feliz, porque después de que mis padres, como suele decirse, hayan movido Roma con Santiago, tengo una alternativa, tengo la posibilidad de poder correr y saltar. Y no quiero desaprovecharla porque como dice mi camiseta "I always look at the right side". ¿Me ayudas?

Toda gota de lluvia, todo grano de arena suma. Además, tú que estás leyendo esto ahora también eres singular, otro "uno entre un millón", porque sólo haber llegado hasta estas líneas y que te intereses por mi caso, te hace tremendamente especial. Mil gracias por tu apoyo.



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